Comenzamos aquí una serie de 5 artículos dedicados al Arte de la antigua Mesopotamia. En este primero, vamos a profundizar en el Arte Sumerio, y en concreto en sus Artes Decorativas, en las que alcanzaron una gran maestría.
La civilización sumeria se desarrolló desde mediados del IV milenio a.C. en el sur de Mesopotamia, y destacó por dos grandes hitos: la invención de la escritura cuneiforme, y la civilización urbana.
En el terreno del Arte, el pueblo sumerio tuvo tres etapas principales:
- La Época de Uruk (3500-2800 a.C.)
- La Época de las Primeras Dinastías, también conocida como período Dinástico Arcaico (2800-2374 a.C.)
- Tras una etapa en la que Sargón I y los acadios se hicieron con el dominio de una amplia zona de Mesopotamia, estableciendo un imperio que duraría unos 200 años, los sumerios volverían a tomar el poder. Esa última etapa se denomina Período Neosumerio (2150-2004 a.C.).
En el contexto de esta civilización van a ir apareciendo las primeras comunidades urbanas de la Historia. En una primera etapa sería Uruk el centro neurálgico de la cultura sumeria. Se van a ir configurando una serie de estructuras sociales, políticas, religiosas y económicas que tendrán su equivalente también en el arte y la cultura.
En una segunda fase, la de las Primeras Dinastías, la organización social va adquiriendo más complejidad, y asistimos al surgimiento de nuevos núcleos urbanos que se convertirán en ciudades-estado, como será el caso de Ur, Kish, Umma o Lagash. La religión va a desempeñar un papel crucial en la configuración de la organización de estas ciudades-estado.
En Sumer, de la mano de este desarrollo urbanístico, se va a desarrollar una floreciente arquitectura, que utilizará como materia prima principal el material que tenían en mayor abundancia: el barro de origen fluvial que les proporcionaban el Tigris y el Éufrates. Con este barro fabricarán bloques de adobe, y en otros casos los cocerán para obtener ladrillos. Este tipo de material tenía un uso en cierto modo limitado (por ejemplo, era muy difícil la construcción de columnas), lo cual condicionaría en gran medida las características de la arquitectura sumeria:
- Edificios con una estructura interior de adobe y recubiertos de ladrillo, material algo más resistente que el anterior, para dotarlos de una mayor protección frente a las inclemencias del tiempo.
- El aspecto será muy macizo, sin vanos, con muros muy gruesos, arcos de medio punto y sistemas adintelados.
- Destacan sobre todo los templos, que solían tener planta rectangular y varios patios. Surgen en este momento los primeros edificios de carácter monumental, que serán los templos-torre o zigurats, estructuras compuestas por un sistema de terrazas superpuestas y coronadas por un templo. Estos zigurats serán el modelo paradigmático de la arquitectura de carácter religioso en la región mesopotámica.
El uso de este tipo de material tan precario ha hecho, también, que en muchos casos los edificios no hayan llegado hasta nuestros días, o se hayan preservado en unas condiciones muy precarias, habiendo sufrido gravemente los efectos de las inundaciones y la erosión.
La religión sumeria estaba constituida por un sistema de creencias basado en el origen divino de las ciudades y de los propios hombres, que habían sido creados por una serie de dioses fuertemente ligados a la naturaleza. Al frente de estas ciudades se situaría un rey-sacerdote, que intermediaba entre los dioses y los humanos, y que habría sido creado directamente por aquéllos.
El arte va a estar al servicio de este sistema teocrático, y por tanto se va a ver muy influenciado por las características de este sistema sociopolítico y religioso.
En lo relativo a las Artes Decorativas, en este artículo nos centraremos en la segunda etapa del Arte Sumerio, la de las Primeras Dinastías o período Dinástico Arcaico, en la que el desarrollo y refinamiento de este tipo de artes alcanzó un grado superlativo.
Las Artes Decorativas
Las artes decorativas van a experimentar un gran desarrollo técnico en esta época, produciéndose piezas de una gran belleza y detalle. Como veremos, es especialmente magistral la gran perfección técnica alcanzada en la orfebrería, y en la técnica de la taracea (que consiste en ir aplicando poco a poco pequeñas piezas de distintos materiales sobre una superficie, como si de un mosaico se tratase, hasta completar el diseño deseado).
Los sumerios alcanzaron una gran maestría en el trabajo de los metales, y particularmente en el uso de la técnica del martilleado en pequeños objetos.
Pese a que en el territorio de Sumer no existían yacimientos de oro u otros metales preciosos, sí se utilizaron profusamente en las artes decorativas, y especialmente en los ajuares funerarios. Para ello, sus gobernantes importaron de otros lugares metales como el oro o la plata, y también otros como cobre o bronce, de los que tampoco disponían.
El dominio magistral de la orfebrería y de las técnicas del martilleado y la taracea queda especialmente patente en los ajuares hallados en el Cementerio Real de Ur. En esta necrópolis se hallaron 16 tumbas de reyes de la Primera Dinastía de Ur, y los objetos encontradas en ella constituyen ejemplos bellísimos de la excepcional ejecución de las piezas por parte de los artistas sumerios.
Por tanto, son un ejemplo perfecto para ilustrar cómo trabajaban los sumerios las artes decorativas.
La tumba más antigua de esta necrópolis data de 2600 a.C. aproximadamente, y es la que se halló a mayor profundidad. En muchas de ellas se hallaron decenas de personas que murieron, voluntariamente o no, en el momento del enterramiento; probablemente el motivo de estos grandes sacrificios humanos sería que siguieran sirviendo a sus señores en la otra vida. Una de ellas, en la que había nada menos que 74 personas sacrificadas, fue denominada por Woolley, su descubridor, como la “Gran Fosa de la Muerte”. Precisamente, algunas de estas personas portaban en ese momento algunos de los objetos más bellos de la necrópolis, como veremos.
Además de esta tumba, destacan especialmente la de Puabi (PG 800), la llamada "del rey" (PG789) y la de Meskalamdug (PG 755), de las que se pudieron recuperar algunas piezas realmente extraordinarias.
Veamos, a continuación, las piezas más destacadas halladas en algunas de estas tumbas.
Casco de Meskalamdug (ca 2420 a.C.)
Fue hallado en la tumba PG 755, atribuida a un rey o príncipe llamado Meskalamdug, junto a un rico ajuar compuesto por cuencos de oro y alabastro, y dagas con metales preciosos, entre otros objetos.
La pieza estaba elaborada en oro, con un trabajo muy minucioso que reproducía sobre la lámina de oro las ondulaciones del cabello, el moño, o la cinta que rodeaba la cabeza, entre otros detalles. El peinado que reproduce aparecerá en más ocasiones, y se trata de un tocado probablemente real o principesco, utilizado por los gobernantes en algunas ceremonias destacadas.
En la parte inferior del casco aparecen algunos agujeros, que servirían para sujetar una pieza de tela, probablemente acolchada, que iría entre el casco y la cabeza. Aparecen también representadas las orejas, puesto que el casco también las cubriría, y aparecen dos agujeros en los lugares en los que estarían los orificios auditivos. La pieza es de una ejecución técnica realmente admirable para la época.
Esta maravillosa pieza fue robada durante el saqueo del Museo de Bagdad en 2003, sin que se hayan vuelto a tener noticias de ella.
Tocado de Puabi (2550-2450 a.C.)
Apareció en la Tumba de Puabi (PG 800), que ostentaba el título de Nin (no se sabe con certeza si era una reina o una sacerdotisa muy importante). Probablemente estaría inspirado en la naturaleza, puesto que incluye varios motivos florales.
Está realizado en gran parte en oro, con una peineta, varios enormes pendientes superpuestos, cintas y hojas doradas, cuentas de lapislázuli y cornalina, flores doradas, collares de cuentas, etc.
Tocado de tres de las "sirvientas" de la tumba PG 1237 (2600-2500 a.C.)
Tres de las jóvenes de esta tumba llevaban en el momento de su muerte estos elaboradísimos tocados, muy similares al de Puabi en sus aspectos formales y materiales, pero ligeramente más sencillos.
Llevaban un collar hecho con pequeños triángulos de lapislázuli y cornalina; una peineta con apliques de pan de oro, acabada en tres flores doradas; diademas; enormes pendientes de oro; y numerosos collares de cuentas y oro.
Coronas de hojas de oro (2600-2500 a.C.)
Liras o Arpas de Ur (2600-2400 a.C.)
Mención especial merecen las 4 piezas conocidas como Liras de Ur o Arpas de Ur. Una fue encontrada en la tumba de Puabi (PG 800), otra en la tumba PG 789, y otras dos en la PG 1237, la “Gran Fosa de la Muerte”. Todas ellas datan de 2600-2400 a.C.
Estas piezas, además de su enorme valor histórico, por tratarse de algunos de los instrumentos de cuerda más antiguos del mundo, son de una enorme belleza. Todas ellas tenían originalmente un cuerpo de madera, que se había podrido con el paso de los siglos y, por tanto, había desaparecido. Pero Woolley logró sacar moldes de la forma original con yeso, y de ese modo se pudieron recomponer las piezas, sustituyendo la parte de madera desaparecida por otra nueva.
Estas arpas son:
Arpa dorada o Arpa del Toro
Apareció en la Gran Fosa de la Muerte (PG 1237). Realizada en oro, plata, nácar, lapislázuli, con un cuerpo de madera. Está en el Museo de Bagdad, que exhibe una reconstrucción después de quedar muy dañada la pieza tras el saqueo de 2003.
Lira de la Reina
Está hecha en lapislázuli, concha y caliza roja, engastados en betún. La cabeza está recubierta de oro. La parte delantera está decorada con la técnica de la taracea. Apareció en la tumba de Puabi (PG 800), y hoy se conserva en el Museo Británico.
Lira con cabeza de toro de la tumba del Rey
Muy similar a las anteriores, apareció en la "tumba del Rey" (PG 789) está en el Penn Museum de Filadelfia. Destaca el trabajo del panel delantero, en taracea.
Lira plateada de la tumba PG 1237
Tiene una forma similar a las anteriores, pero en este caso tanto la lira como la cabeza del toro están recubiertas de plata. La decoración se realizó a base de incrustaciones de conchas, caliza roja y lapislázuli.
Estandarte Real de Ur (ca 2500 a.C.)
Apareció en la tumba 779. En realidad no se sabe cuál era su función, ni tampoco si la forma que se le dio al reconstruirlo era similar a la original o no. Apareció hecho añicos, una vez podrida la madera con el paso de los siglos, y fue reconstruido con esta forma por Woolley. En los cuatro lados posee escenas creadas con mosaicos, con piezas de caliza roja, concha y lapislázuli, engastadas en una base de betún. Los dos lados principales, muy elaborados, muestran respectivamente una escena de paz y una de guerra. Se cree que podrían ser dos escenas diferentes de un mismo hecho, mostrado con dos conceptos aparentemente opuestos: una escena militar en que los enemigos han sido derrotados y hechos prisioneros; y la celebración de esa misma victoria.
Carneros en el matorral o Carneros de Ur (ca 2600 a.C.)
Se hallaron los dos en la Gran Fosa de la Muerte (PG 1237). Se cree que probablemente la reconstrucción hecha en su día no se corresponde con la forma que tenían en su día, y que incluso podrían ser otras dos liras o arpas.
Los cuernos, los ojos y el pelaje superior están hechos de lapislázuli; el pelaje inferior, de conchas, las orejas de una aleación de cobre; y la cara, las patas y los elementos del arbusto están recubiertos de pan de oro.
Juego Real de Ur (2550-2400 a.C.)
Por último, vamos a ver una pieza muy diferente pero también magnífica: el Juego Real de Ur.
Se trata de un juego de mesa de 30 por 11 centímetros, realizado en madera y decorado posteriormente con la técnica de la taracea, con incrustaciones de pequeñas placas de nácar y lapislázuli, y decoraciones con distintas formas (puntos, líneas, ojos, rosetones, etc.) en las casillas; y ojos y piezas verticales de nácar en las placas laterales.
El propio tablero no es una pieza maciza, sino que es una caja hueca, destinada a guardar las fichas para recogerlas. Cuando se halló, la madera se había descompuesto, pero se apreciaba aún la forma del juego, que pudo ser reconstruido.
Es uno de los juegos de tablero más antiguos del mundo, y estaba pensado para ser jugado por dos personas, cada una con 7 piezas. Era tanto un juego de estrategia como de fortuna, puesto que los movimientos se determinaban lanzando unos dados de 4 caras.
Además de esta pieza, que se halla en el Museo Británico, se descubrieron otros ejemplares similares del mismo juego en el Cementerio Real de Ur, que se encuentran en el Museo de Bagdad.
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Otras referencias:
https://www.britishmuseum.org/collection



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