lunes, 31 de octubre de 2022

Arte Acadio: la Escultura

A la hora de abordar este tema es necesario comenzar, una vez más, por el contexto histórico.

El pueblo acadio, semita, era un pueblo nómada que habitaba la zona de Mesopotamia, y que se va a ir asentando en la zona que ocupaban los sumerios a lo largo de varios siglos. A partir de esa convivencia se va a establecer una coexistencia bastante pacífica, influyéndose ambas culturas mutuamente.

En un momento dado, hacia el 2334 a.C., uno de ellos, Sargón, va a hacerse con el poder. No se conoce apenas nada de la vida de Sargón, en cuya figura se entremezclan el mito y los hechos históricos; ni siquiera sabemos su nombre real (Sargón es un título cuyo significado es “rey verdadero”). De él se dice que destronó al último rey de Uruk, Lugalzageshi, hacia el año 2334 a.C. Una vez en el trono, conquistó el resto del territorio sumerio, y en los años sucesivos sometió numerosas de las regiones limítrofes, creando un gran Imperio que llegaría a abarcar prácticamente todo el territorio de Mesopotamia.

Extensión del Imperio acadio. Fuente: Mundo de Babel

Este imperio Acadio será bastante efímero, abarcando desde el 2334 al 2154 a.C., cuando los sumerios logran completar la conquista de nuevo del territorio, iniciándose el período neosumerio, o del “Renacimiento sumerio”.

Tras la conquista de Sargón se desplazará el centro neurálgico de la región hacia el Norte. Este soberano decidió crear una nueva capital en la región de Kish, a la que llamaría Akkad. Se sabe que esta ciudad estaba situada en la orilla oeste del Éufrates, en algún lugar entre Kish y Sippar, pero pese a los esfuerzos por hallar su emplazamiento exacto, la antigua ciudad no ha podido ser encontrada hasta nuestros días.

Las ciudades acadias fueron muy prósperas. Los reyes serían monarcas absolutos de una organización estatal muy centralizada, con gobernadores en las distintas ciudades. En cuanto a estos reyes, los más importantes que gobernaron el Imperio Acadio fueron Sargón I, Manishtushu y Naram-Sin (padre, hijo y nieto respectivamente). Y las piezas artísticas que se han conservado están en general ligadas a ellos.

Naram-Sin (2254-2218 a.C.), nieto de Sargón, se proclamará “rey de las cuatro esquinas del mundo”, haciendo referencia a su vasto Imperio. Sin embargo, el descontento de los súbditos sumerios ante el poco respeto a sus dioses y tradiciones, con actos como la profanación y el saqueo del templo de Enlil, hizo que el pueblo se fuera rebelando, y al reinado de Naram-Sin siguió una época de anarquía. 

Finalmente, el pueblo de los Guti invadió la zona, y los sumerios se sumaron a la rebelión, volviendo finalmente a tomar el poder. La caída de Akkad se vio por parte del pueblo como un verdadero castigo de los dioses, como atestiguan algunas inscripciones de la época.

Los vestigios de arte acadio que han llegado a nuestros días son en general bastante escasos, probablemente por la corta duración de su Imperio.

La mayor novedad introducida a nivel cultural será que el acadio sustituirá al sumerio como lengua oficial de los gobernantes; pero el pueblo seguirá hablando sumerio, y manteniendo, a grandes rasgos, la cultura ya existente. Sin ir más lejos, a nivel religioso ambas culturas se fusionaron en gran medida, hasta tal punto que hoy en día hay elementos que no se ha podido discernir si pertenecen a una u otra cultura. En la nueva cultura, resultante de la amalgama de lo sumerio y lo acadio, se van a mantener muchas de las tradiciones anteriores, pero también se producen algunos cambios e innovaciones.

En general, la cultura acadia se va a asemejar bastante a la sumeria, puesto que el territorio que ocupa tendrá una base cultural sumeria. La base va a ser, por tanto, sumeria, aunque la cultura semita de los acadios también tendrá una influencia relevante en el arte.

El arte acadio

Por tanto, en lo relativo a la estructura social y en el aspecto cultural va a haber pocos cambios respecto a la cultura sumeria, pero en el arte sí van a producirse algunos cambios interesantes:     

  • La escultura deja de ser tan hierática, alcanzándose un grado de naturalismo muy notable en algunas piezas.
  • Se aprecia un gran avance en el desarrollo en la técnica, que se hará más precisa.
  • Se va a producir un uso instrumental del arte, que estará totalmente al servicio del poder del soberano, y en concreto se va a utilizar para loar y exaltar a éste, tanto a nivel político como militar.

El poder político y religioso se separan totalmente en esta época, y se va a presentar ahora al rey de forma divinizada. Los templos van a perder poder e influencia, y esto también se dejará notar claramente en lo que se refiere al arte. Las piezas de tipo meramente religioso dejarán paso a una mayor cantidad de obras relacionadas con el poder civil.

La arquitectura tendrá, también, un carácter instrumental al servicio del soberano. Como consecuencia de todo ello, la arquitectura de carácter religioso también va a decaer en esta época. No se han hallado muchos edificios de este período, de modo que tampoco se conoce en profundidad la arquitectura civil acadia, y habrá que esperar a que nuevos hallazgos, de haberlos, arrojen más luz sobre este aspecto.

En cuanto a los palacios, por el momento sólo se han hallado unos pocos, que han permitido saber cómo los construían los acadios: el palacio de Naram-Sin en Nagar (actual Tell Brak, Siria), el Palacio Norte de Eshnunna (actual Tell Asmar, Irak) y el Palacio viejo de Assur (Irak). Estos palacios, con una compleja estructura, se organizaban en torno a patios, a partir de los cuales se iban distribuyendo de manera orgánica los distintos espacios, destinados a diferentes funciones. Su planta era rectangular o casi cuadrada, y estaban rodeados por gruesos muros.

En general el arte acadio destacó tanto en arquitectura como en escultura y artes decorativas, pero por desgracia no se conservan muchas piezas de este período. De hecho, la mayor parte de las obras de arte acadio que conservamos se hallaron en la periferia del territorio de este imperio, sobre todo en Susa, en el actual Irán, a donde fueron llevadas en el siglo XII a.C. por un rey elamita que saqueó varias ciudades acadias.

Sin embargo, dado que el emplazamiento de Akkad es aún desconocido, la situación podría cambiar si en algún momento se encuentran los restos de la ciudad. Algunas de las demás ciudades acadias tampoco han sido halladas, y otras no han sido excavadas apenas. Asimismo, hemos de tener en cuenta que las últimas tres décadas han sido muy difíciles para el trabajo arqueológico en la región, por lo que si la situación se estabiliza podrían volver a producirse nuevos hallazgos de gran importancia en el futuro.

La escultura acadia

A continuación, vamos a ver en profundidad cómo fue el trabajo que realizaron los acadios en cuanto a la escultura. Es en las esculturas y relieves, precisamente, donde más se notará esa característica de la instrumentalización del arte al servicio del poder: las figuras y formas van a estar cuidadosamente pensadas, para lograr transmitir de forma precisa la gloria política y militar del monarca.

Esto va a quedar patente especialmente en los relieves, que ofrecen grandes posibilidades narrativas y permitían contar historias y acontecimientos que sirvieran al fin último de la propaganda del monarca.

Características generales de la escultura acadia:

  • Frente al estatismo sumerio, ahora las formas van a ser más dinámicas y realistas. Mayor naturalismo y proporcionalidad de lo representado.
  • En algunas estelas se introducen elementos paisajísticos que ayudan a caracterizar el lugar representado.
  • Las técnicas alcanzan una mayor precisión
  • Se inventa la técnica de la cera perdida de fundición hueca, para lograr crear estatuas de metal de gran tamaño, huecas por dentro. De este modo, se abarataba el coste invertido en material.
  • Al igual que ocurría en el arte acadio en general, la escultura también va a ser un instrumento que servirá para la propaganda imperial y, por tanto, va a estar totalmente al servicio del poder. En muchas ocasiones se van a realizar estatuas del soberano, incluso a tamaño natural, para exaltar su figura. En los relieves el contexto, en general, suele mostrar al rey con su ejército, como guerreros junto a su líder. 
  • Se van a utilizar materiales no perecederos, como la piedra y el metal.

Pese a que se sabe, por inscripciones, que Sargón ordenó hacer varias esculturas de bulto redondo representando su propia figura, ninguna de ellas ha llegado hasta nuestros días.

En ocasiones se podrá observar una clara continuidad cultural en las representaciones acadias respecto del arte sumerio. Por ejemplo, en las coincidencias en el peinado de algunos reyes representados en esta época con el que presenta el casco de Meskalamdug, hallado en las Tumbas Reales de Ur.

Veamos ahora cuáles fueron las creaciones artísticas más destacadas en el campo de la escultura.

Estelas

En primer lugar, hay que hablar de las estelas, que eran monumentos regios destinados a exaltar el poder del soberano, y se realizaban en materiales duros y no perecederos, como la diorita o la caliza. En ellos se representaban escenas de victorias militares, mostrando a un rey guerrero, a veces divinizado, que debería infundir temor a sus enemigos.

Estela de la Victoria de Sargón

Fue encontrada en Susa y se halla en el Museo del Louvre. Es de diorita.

En ella podemos ver escenas militares, en tres franjas horizontales claramente diferenciadas. En la intermedia se representa a Sargón, con barba y el mismo peinado regio del casco de Meskalamdug, seguido de un séquito de dignatarios armados. En la franja superior aparecen prisioneros desnudos. Algunos de ellos están maniatados, y el resto aparecen como cayendo al suelo. En la parte inferior, más borrosa, se hallan lo que parecen ser algunos buitres y perros rodeando los cadáveres de algunos enemigos, probablemente a modo de advertencia de lo temible del rey, y el peligro que implicaba enfrentarse a él.

Estela de Sargón. Fuente: Louvre

Estela de la Victoria de Manishtushu

Esta estela de diorita, de la que se conserva tan sólo un fragmento, recoge de nuevo una escena de victoria. En la parte superior se distinguen algunas piernas de personas, alguna de ellas caída, en lo que podría ser una escena posterior a una batalla. A su vez, en la parte mejor conservada vemos cómo un soldado acadio conduce a unos prisioneros desnudos y maniatados.

Se sabe que representa la victoria de un rey acadio, pero se desconoce con seguridad a cuál. En ocasiones se ha atribuido a Manishtushu.

Estela de Manishtushu. Fuente: Louvre

Estela de la Victoria de Naram-Sin

Hacia 2250 a.C. Se halló en Susa, y está en el Louvre. Está hecha de piedra caliza.

Es una gran estela, de 210 cm, en la que se representa la victoria del rey en la batalla que tuvo lugar en los Zagros contra los Lullubi. La escena tiene un carácter narrativo evidente, y presenta un mayor dinamismo que las anteriores. El soberano aparece adornado con un casco con cuernos, símbolo de divinización (novedad importante, pues aparece al mismo tiempo como hombre mortal y como dios) y está de pie ante sus enemigos: uno le pide misericordia, y otros son asesinados, con lanzas o clavados en una estaca; o caen montaña abajo. Aparecen algunos elementos del paisaje montañoso de la zona, como la propia montaña o la vegetación.

Estela de Naram-Sin. Fuente: Louvre

 

Estatuas de retrato

Además de las estelas hay que citar otras estatuas de retrato, que en esta época alcanzan una gran maestría.

Las características específicas de este tipo de obras serán las siguientes:

  • Se representa el ideal físico de masculinidad de la realeza.
  • Los rasgos son muy proporcionados, con acabados muy precisos.
  • Gran naturalismo y realismo en las representaciones.
  • A la hora de tallar el cabello, se intenta dar volumen, representando los rizos y la barba de forma muy fina.
  • Se utilizan materiales de colores, incrustándolos en los ojos, para conferir expresividad a las estatuas.
  • Uso de la técnica de la cera perdida de fundición hueca.

 

Estatua de Manishtushu (h. 2269 a.C.)

Esta estatua de diorita, de la que se ha perdido la parte superior, refleja un gran progreso en las técnicas escultóricas de la época respecto de las de los sumerios. El rey aparece en actitud orante, como se ve por la posición de las manos, y por tanto en esta obra se rompe con la tendencia del arte acadio de representar a los reyes como poderosas figuras militares.

Lo más importante de esta estatua es que introduce una innovación en cuanto al trabajo del volumen en la escultura: los pliegues ondulados de la ropa se representan aquí con un gran realismo, mostrando un tipo de paño suave metido bajo la cintura. Esto también da una idea de la gran habilidad del escultor, pues la diorita es un material duro y difícil de trabajar con esta precisión. Presenta una inscripción elamita del siglo XII a.C. que revela que se obtuvo en Akkad.

Estatua de Manishtushu. Fuente: Louvre

 

Estatua de Bassetki (2254-2218 a.C.)

Está hecha en cobre. Sólo se conserva la parte inferior de la estatua, desde la cintura hacia abajo, y representa a un hombre sentado en el suelo, sobre una base de metal de 67 cm. El grado de naturalismo de esta pieza es magnífico, y muestra la maestría a la que habían llegado los escultores acadios. Se realizó con la técnica de la cera perdida.

En la base tiene una inscripción que la sitúa en la entrada de uno de los palacios de Naram-Sin.

Estatua de Bassetki. Fuente: Wikimedia Commons

Cabeza de gobernante acadio (hacia 2250 a.C.)

Hacia 2250 a.C. Realizada en bronce o aleación de cobre, con la técnica de la cera perdida de fundición hueca. Se halló en Nínive y se conserva en el Museo de Bagdad.

En ocasiones se ha atribuido a Sargón, pero las características estilísticas hacen que sea más probable que represente a su nieto Naram-Sin. El trabajo de representación del cabello y la barba es exquisito, muy preciso y extraordinariamente detallado. El artista intenta representar con gran maestría los volúmenes de la barba y los rizos, reproduciendo incluso cada uno de los cabellos. El peinado completo y los rasgos aparecen ya de una forma mucho más natural y proporcionada que en estatuas de épocas anteriores. Tenía incrustaciones de otros materiales de colores en los ojos (probablemente nácar o marfil, con lapislázuli) para otorgarle expresividad y realismo, pero no se han conservado.

Presenta el mismo peinado que el del casco de Meskalamdug y el que tiene Sargón en su Estela de la Victoria.

Cabeza gobernante acadio. Fuente: History Arch

 

Casco de Meskalamdug. Fuente: Wikimedia Commons


Bibliografía:

Arroyo, S. (27-11-2019).  El arte acadio. [Vídeo]. Canal UNED.

Lara Peinado, F. (1989). El arte de Mesopotamia. Colección Historia del Arte, Historia 16.

Martínez, C., Gómez, C., y Vivas, I. (2012). Arte de las grandes civilizaciones antiguas: Egipto y Próximo Oriente. Editorial Universitaria Ramón Areces, UNED.

Matesanz, J. (2022) Apuntes de la asignatura Historia del Arte Antiguo. Universidad de Burgos.

Milicua, J. (1987). Historia Universal del Arte (Vol. 1). Planeta.

Ramírez, J.A. (1996). Historia del Arte: Vol. 1. El Mundo Antiguo. Alianza Editorial.

Vázquez Hoys, A.M. (2007). Historia del Mundo Antiguo (Próximo Oriente y Egipto). Sanz y Torres.


Otras referencias:

Buscador de obras del Louvre: https://collections.louvre.fr/

Mapa: http://pedro-mundodebabel.blogspot.com/2013/10/pasajes-de-la-historia-xxiv-el-imperio.html

sábado, 29 de octubre de 2022

El arte en la antigua Sumeria: las artes decorativas

Comenzamos aquí una serie de 5 artículos dedicados al Arte de la antigua Mesopotamia. En este primero, vamos a profundizar en el Arte Sumerio, y en concreto en sus Artes Decorativas, en las que alcanzaron una gran maestría.

La civilización sumeria se desarrolló desde mediados del IV milenio a.C. en el sur de Mesopotamia, y destacó por dos grandes hitos: la invención de la escritura cuneiforme, y la civilización urbana.

En el terreno del Arte, el pueblo sumerio tuvo tres etapas principales:

  • La Época de Uruk (3500-2800 a.C.)
  • La Época de las Primeras Dinastías, también conocida como período Dinástico Arcaico (2800-2374 a.C.)
  • Tras una etapa en la que Sargón I y los acadios se hicieron con el dominio de una amplia zona de Mesopotamia, estableciendo un imperio que duraría unos 200 años, los sumerios volverían a tomar el poder. Esa última etapa se denomina Período Neosumerio (2150-2004 a.C.).


En el contexto de esta civilización van a ir apareciendo las primeras comunidades urbanas de la Historia. En una primera etapa sería Uruk el centro neurálgico de la cultura sumeria. Se van a ir configurando una serie de estructuras sociales, políticas, religiosas y económicas que tendrán su equivalente también en el arte y la cultura.

Reconstrucción de la ciudad de Uruk durante la III Dinastía de Ur. Fuente: artefacts-berlin.de


En una segunda fase, la de las Primeras Dinastías, la organización social va adquiriendo más complejidad, y asistimos al surgimiento de nuevos núcleos urbanos que se convertirán en ciudades-estado, como será el caso de Ur, Kish, Umma o Lagash. La religión va a desempeñar un papel crucial en la configuración de la organización de estas ciudades-estado. 

En Sumer, de la mano de este desarrollo urbanístico, se va a desarrollar una floreciente arquitectura, que utilizará como materia prima principal el material que tenían en mayor abundancia: el barro de origen fluvial que les proporcionaban el Tigris y el Éufrates. Con este barro fabricarán bloques de adobe, y en otros casos los cocerán para obtener ladrillos. Este tipo de material tenía un uso en cierto modo limitado (por ejemplo, era muy difícil la construcción de columnas), lo cual condicionaría en gran medida las características de la arquitectura sumeria:

  • Edificios con una estructura interior de adobe y recubiertos de ladrillo, material algo más resistente que el anterior, para dotarlos de una mayor protección frente a las inclemencias del tiempo.
  • El aspecto será muy macizo, sin vanos, con muros muy gruesos, arcos de medio punto y sistemas adintelados.
  • Destacan sobre todo los templos, que solían tener planta rectangular y varios patios. Surgen en este momento los primeros edificios de carácter monumental, que serán los templos-torre o zigurats, estructuras compuestas por un sistema de terrazas superpuestas y coronadas por un templo. Estos zigurats serán el modelo paradigmático de la arquitectura de carácter religioso en la región mesopotámica.

El uso de este tipo de material tan precario ha hecho, también, que en muchos casos los edificios no hayan llegado hasta nuestros días, o se hayan preservado en unas condiciones muy precarias, habiendo sufrido gravemente los efectos de las inundaciones y la erosión.

La religión sumeria estaba constituida por un sistema de creencias basado en el origen divino de las ciudades y de los propios hombres, que habían sido creados por una serie de dioses fuertemente ligados a la naturaleza. Al frente de estas ciudades se situaría un rey-sacerdote, que intermediaba entre los dioses y los humanos, y que habría sido creado directamente por aquéllos. 

El arte va a estar al servicio de este sistema teocrático, y por tanto se va a ver muy influenciado por las características de este sistema sociopolítico y religioso.

En lo relativo a las Artes Decorativas, en este artículo nos centraremos en la segunda etapa del Arte Sumerio, la de las Primeras Dinastías o período Dinástico Arcaico, en la que el desarrollo y refinamiento de este tipo de artes alcanzó un grado superlativo.

Las Artes Decorativas

Las artes decorativas van a experimentar un gran desarrollo técnico en esta época, produciéndose piezas de una gran belleza y detalle. Como veremos, es especialmente magistral la gran perfección técnica alcanzada en la orfebrería, y en la técnica de la taracea (que consiste en ir aplicando poco a poco pequeñas piezas de distintos materiales sobre una superficie, como si de un mosaico se tratase, hasta completar el diseño deseado).

Los sumerios alcanzaron una gran maestría en el trabajo de los metales, y particularmente en el uso de la técnica del martilleado en pequeños objetos. 

Pese a que en el territorio de Sumer no existían yacimientos de oro u otros metales preciosos, sí se utilizaron profusamente en las artes decorativas, y especialmente en los ajuares funerarios. Para ello, sus gobernantes importaron de otros lugares metales como el oro o la plata, y también otros como cobre o bronce, de los que tampoco disponían. 

El dominio magistral de la orfebrería y de las técnicas del martilleado y la taracea queda especialmente patente en los ajuares hallados en el Cementerio Real de Ur. En esta necrópolis se hallaron 16 tumbas de reyes de la Primera Dinastía de Ur, y los objetos encontradas en ella constituyen ejemplos bellísimos de la excepcional ejecución de las piezas por parte de los artistas sumerios. 

Por tanto, son un ejemplo perfecto para ilustrar cómo trabajaban los sumerios las artes decorativas.

La tumba más antigua de esta necrópolis data de 2600 a.C. aproximadamente, y es la que se halló a mayor profundidad. En muchas de ellas se hallaron decenas de personas que murieron, voluntariamente o no, en el momento del enterramiento; probablemente el motivo de estos grandes sacrificios humanos sería que siguieran sirviendo a sus señores en la otra vida. Una de ellas, en la que había nada menos que 74 personas sacrificadas, fue denominada por Woolley, su descubridor, como la “Gran Fosa de la Muerte”. Precisamente, algunas de estas personas portaban en ese momento algunos de los objetos más bellos de la necrópolis, como veremos. 

Además de esta tumba, destacan especialmente la de Puabi (PG 800), la llamada "del rey" (PG789) y la de Meskalamdug (PG 755), de las que se pudieron recuperar algunas piezas realmente extraordinarias.

Veamos, a continuación, las piezas más destacadas halladas en algunas de estas tumbas.

Casco de Meskalamdug (ca 2420 a.C.) 

Fue hallado en la tumba PG 755, atribuida a un rey o príncipe llamado Meskalamdug, junto a un rico ajuar compuesto por cuencos de oro y alabastro, y dagas con metales preciosos, entre otros objetos.

La pieza estaba elaborada en oro, con un trabajo muy minucioso que reproducía sobre la lámina de oro las ondulaciones del cabello, el moño, o la cinta que rodeaba la cabeza, entre otros detalles. El peinado que reproduce aparecerá en más ocasiones, y se trata de un tocado probablemente real o principesco, utilizado por los gobernantes en algunas ceremonias destacadas.

En la parte inferior del casco aparecen algunos agujeros, que servirían para sujetar una pieza de tela, probablemente acolchada, que iría entre el casco y la cabeza. Aparecen también representadas las orejas, puesto que el casco también las cubriría, y aparecen dos agujeros en los lugares en los que estarían los orificios auditivos. La pieza es de una ejecución técnica realmente admirable para la época.

Esta maravillosa pieza fue robada durante el saqueo del Museo de Bagdad en 2003, sin que se hayan vuelto a tener noticias de ella.

Casco de Meskalamdug. Fuente: Wikimedia Commons

Tocado de Puabi (2550-2450 a.C.)

Apareció en la Tumba de Puabi (PG 800), que ostentaba el título de Nin (no se sabe con certeza si era una reina o una sacerdotisa muy importante). Probablemente estaría inspirado en la naturaleza, puesto que incluye varios motivos florales.

Está realizado en gran parte en oro, con una peineta, varios enormes pendientes superpuestos, cintas y hojas doradas, cuentas de lapislázuli y cornalina, flores doradas, collares de cuentas, etc.

Tocado de Puabi. Fuente: Institute for the Study of the Ancient World, Nueva York

Tocado de tres de las "sirvientas" de la tumba PG 1237 (2600-2500 a.C.)

Tres de las jóvenes de esta tumba llevaban en el momento de su muerte estos elaboradísimos tocados, muy similares al de Puabi en sus aspectos formales y materiales, pero ligeramente más sencillos.

Llevaban un collar hecho con pequeños triángulos de lapislázuli y cornalina; una peineta con apliques de pan de oro, acabada en tres flores doradas; diademas; enormes pendientes de oro; y numerosos collares de cuentas y oro.

Tocado de una sirvienta de Puabi. Fuente: Museo Británico

Coronas de hojas de oro (2600-2500 a.C.)

En la tumba PG 1237 se hallaron varios cuerpos de muchachas que llevaban estas maravillosas guirnaldas de oro como parte de unos tocados muy ricos. Las cuentas están hechas de lapislázuli, cornalina y oro.

Corona de hojas de oro. Fuente: Penn Museum

Liras o Arpas de Ur (2600-2400 a.C.)

Mención especial merecen las 4 piezas conocidas como Liras de Ur o Arpas de Ur. Una fue encontrada en la tumba de Puabi (PG 800), otra en la tumba PG 789, y otras dos en la PG 1237, la “Gran Fosa de la Muerte”. Todas ellas datan de 2600-2400 a.C.

Estas piezas, además de su enorme valor histórico, por tratarse de algunos de los instrumentos de cuerda más antiguos del mundo, son de una enorme belleza. Todas ellas tenían originalmente un cuerpo de madera, que se había podrido con el paso de los siglos y, por tanto, había desaparecido. Pero Woolley logró sacar moldes de la forma original con yeso, y de ese modo se pudieron recomponer las piezas, sustituyendo la parte de madera desaparecida por otra nueva.

Estas arpas son:

Arpa dorada o Arpa del Toro

Arpa o Lira Dorada de Ur. Fuente: Museo de Bagdad. Fuente: Wikimedia Commons

Apareció en la Gran Fosa de la Muerte (PG 1237). Realizada en oro, plata, nácar, lapislázuli, con un cuerpo de madera. Está en el Museo de Bagdad, que exhibe una reconstrucción después de quedar muy dañada la pieza tras el saqueo de 2003.

Lira de la Reina

Está hecha en lapislázuli, concha y caliza roja, engastados en betún. La cabeza está recubierta de oro. La parte delantera está decorada con la técnica de la taracea. Apareció en la tumba de Puabi (PG 800), y hoy se conserva en el Museo Británico.

Lira de la Reina. Fuente: Museo Británico

Lira con cabeza de toro de la tumba del Rey

Muy similar a las anteriores, apareció en la "tumba del Rey" (PG 789) está en el Penn Museum de Filadelfia. Destaca el trabajo del panel delantero, en taracea.

Lira con cabeza de toro. Fuente: Penn Museum

Lira plateada de la tumba PG 1237

Tiene una forma similar a las anteriores, pero en este caso tanto la lira como la cabeza del toro están recubiertas de plata. La decoración se realizó a base de incrustaciones de conchas, caliza roja y lapislázuli.

Lira plateada. Fuente: Museo Británico

Estandarte Real de Ur (ca 2500 a.C.)

Apareció en la tumba 779. En realidad no se sabe cuál era su función, ni tampoco si la forma que se le dio al reconstruirlo era similar a la original o no. Apareció hecho añicos, una vez podrida la madera con el paso de los siglos, y fue reconstruido con esta forma por Woolley. En los cuatro lados posee escenas creadas con mosaicos, con piezas de caliza roja, concha y lapislázuli, engastadas en una base de betún. Los dos lados principales, muy elaborados, muestran respectivamente una escena de paz y una de guerra. Se cree que podrían ser dos escenas diferentes de un mismo hecho, mostrado con dos conceptos aparentemente opuestos: una escena militar en que los enemigos han sido derrotados y hechos prisioneros; y la celebración de esa misma victoria.



Estandarte Real de Ur. Escenas de la Paz y la Guerra. Fuente: Museo Británico

Carneros en el matorral o Carneros de Ur (ca 2600 a.C.)

Se hallaron los dos en la Gran Fosa de la Muerte (PG 1237). Se cree que probablemente la reconstrucción hecha en su día no se corresponde con la forma que tenían en su día, y que incluso podrían ser otras dos liras o arpas.

Los cuernos, los ojos y el pelaje superior están hechos de lapislázuli; el pelaje inferior, de conchas, las orejas de una aleación de cobre; y la cara, las patas y los elementos del arbusto están recubiertos de pan de oro.

Uno de los dos Carneros de Ur. Fuente: Museo Británico

Juego Real de Ur (2550-2400 a.C.)

Por último, vamos a ver una pieza muy diferente pero también magnífica: el Juego Real de Ur. 

Se trata de un juego de mesa de 30 por 11 centímetros, realizado en madera y decorado posteriormente con la técnica de la taracea, con incrustaciones de pequeñas placas de nácar y lapislázuli, y decoraciones con distintas formas (puntos, líneas, ojos, rosetones, etc.) en las casillas; y ojos y piezas verticales de nácar en las placas laterales. 

El propio tablero no es una pieza maciza, sino que es una caja hueca, destinada a guardar las fichas para recogerlas. Cuando se halló, la madera se había descompuesto, pero se apreciaba aún la forma del juego, que pudo ser reconstruido.

Juego Real de Ur. Fuente: Museo Británico

Es uno de los juegos de tablero más antiguos del mundo, y estaba pensado para ser jugado por dos personas, cada una con 7 piezas. Era tanto un juego de estrategia como de fortuna, puesto que los movimientos se determinaban lanzando unos dados de 4 caras.

Además de esta pieza, que se halla en el Museo Británico, se descubrieron otros ejemplares similares del mismo juego en el Cementerio Real de Ur, que se encuentran en el Museo de Bagdad.


Bibliografía:

Arroyo, S. (16-12-2020). El relieve sumerio y las tumbas reales de Ur. [Vídeo]. Canal UNED.
 
Hansen, D.P., y Pitman, H. (1998). Treasures from the Royal Tombs of Ur. Museum of Archaeology and Anthropology, University of Pennsylvania.

Lara Peinado, F. (1989). El arte de Mesopotamia. Colección Historia del Arte, Historia 16.

Martínez, C., Gómez, C., y Vivas, I. (2012). Arte de las grandes civilizaciones antiguas: Egipto y Próximo Oriente. Editorial Universitaria Ramón Areces, UNED.

Matesanz, J. (2022). Apuntes de la asignatura Historia del Arte Antiguo. Universidad de Burgos.

Milicua, J. (1987). Historia Universal del Arte (Vol. 1). Planeta.

Ramírez, J.A. (1996). Historia del Arte: Vol. 1. El Mundo Antiguo. Alianza Editorial.

Tobalina, E. [Raíces de Europa] (30-4-2021).  Mesopotamia II. Las Tumbas Reales de Ur. Su apasionante historia y realidad. [Vídeo]. Youtube. 

Vázquez Hoys, A.M. (2007). Historia del Mundo Antiguo (Próximo Oriente y Egipto). Sanz y Torres.

Otras referencias:

https://www.britishmuseum.org/collection

El patrimonio artístico mesopotámico en la actualidad

En los artículos anteriores hemos hecho un pequeño recorrido por algunos de los aspectos más interesantes del arte de la antigua Mesopotamia...