En este nuevo artículo dedicado al Arte de la antigua Mesopotamia vamos a acercarnos al Arte Babilonio, y en concreto a su arquitectura monumental, de la que la magnífica ciudad de Babilonia constituye su mejor ejemplo.
A modo de introducción, debemos que tener en cuenta algunos datos importantes que nos ayudarán a situar el contexto histórico.
En primer lugar, dentro del arte babilónico hay que distinguir dos períodos clave:
- Período Paleobabilonio (2004-1595 a.C.). Dentro de éste hay una primera etapa de apogeo de las ciudades-estado, como Isin, Larsa o Mari; y una segunda etapa que corresponde al Imperio Paleobabilonio, desde el 1894 a.C. Su rey más destacado fue Hammurabi. Este período termina con la invasión de los hititas en 1595 a.C.
- Período Neobabilonio (625-539 a.C.)
Entre ambos
períodos se sucederán distintas dinastías, en un período intermedio muy convulso y con
momentos de anarquía. Finalmente, Tiglat Pileser III (744-727 a.C.) incorpora
Babilonia al Imperio Asirio, al que pertenecerá hasta que se inicie el período
Neobabilonio en el 625 a.C.
En la etapa
paleobabilónica se va a tomar como referente desde el punto de vista cultural e
ideológico a la Tercera Dinastía de Ur, por lo que el arte de esta época se va
a asemejar en gran medida al de la tradición sumerio-acadia. Sobre todo, en lo
relativo a los templos.
En este
período paleobabilonio los palacios van a desplazar a los templos en
importancia, y así en la arquitectura destacará sobre todo Mari, con su palacio
de Zimri-Lim y algunos pequeños templos. El palacio de Mari será el precursor
de una serie de residencias reales, una especie de ciudades-palacio, que van a
sentar los fundamentos de cómo serán posteriormente los palacios en la
arquitectura babilonia, asiria y persa. Su estructura estará distribuida en distintos sectores según su uso, en torno a varios patios; y estará rodeado de muros gruesos, para fortificarlo.
Hay que
mencionar que el palacio que debió ser más importante de todos los de la época,
el de Hammurabi, no ha sido hallado aún.
En cuanto a
la escultura, es en esta época cuando se esculpe el extraordinario Código de
Hammurabi, que recogía y unificaba el derecho consuetudinario existente hasta
entonces.
El período Paleobabilonio terminará con la invasión y conquista por parte de los hititas en el 1595 a.C.
Casi un milenio después, ya en el siglo VII a.C. el pueblo caldeo, compuesto por nómadas semitas, se fue asentando en la región, hasta que en el 625 a.C., con el dominio asirio bastante debilitado, Nabopolasar se va a rebelar, liderando a estos caldeos, y empezará a conquistar algunas de las ciudades de la zona. Años después, en el 609 a.C., los babilonios y los medos unirán sus fuerzas contra Asiria y derrotarán definitivamente al sucesor de Asurbanipal. El imperio neobabilonio vivirá una época de gran esplendor, hasta que con la conquista de Ciro II, rey de Persia, en el 539 a.C., llegará su fin.
En lo
relativo a las manifestaciones artísticas, si hay un campo en el que destacó el
pueblo babilónico fue en la arquitectura, y de forma muy notable en el período
neobabilonio, como veremos a continuación.
En primer
lugar, repasaremos las características principales de la arquitectura de este
período neobabilonio:
- El material constructivo más frecuente va a ser el ladrillo que, en muchas ocasiones, para los recubrimientos exteriores, va a estar vidriado y policromado con vivos colores.
- Se utilizan estructuras adinteladas y arcos. Los muros van a ser gruesos.
- El urbanismo va a cobrar una gran importancia en esta época, con ciudades diseñadas con calles en cuadrícula, grandes murallas y calles pavimentadas.
- Carácter monumental. Destaca sobre todo la ciudad de Babilonia.
A continuación, veremos algunas de las obras más monumentales y magníficas que produjo la arquitectura de esta época.
La arquitectura en Babilonia
En el año
689 a.C. el rey asirio Senaquerib había arrasado la ciudad de Babilonia, destruyéndola
casi por completo, lo que hizo necesario reconstruirla de nuevo. Tanto
Nabopolasar como su hijo Nabucodonosor II (630-592 a.C.), y muy especialmente
este último, van a emprender una serie de acciones que convertirán a Babilonia
en el asentamiento urbano de mayor tamaño de toda Mesopotamia, y en una gran
potencia de nuevo.
Se va a
construir una nueva ciudad de forma rectangular (2,5 por 1,5 km), que se
ordenará en base a principios de simetría y regularidad, creando un
asentamiento urbano enorme y próspero, con calles que se cruzaban en ángulos
rectos, recubiertas de pavimento; fortificaciones amuralladas dobles (una interior, y otra exterior, que abarcaba un territorio más extenso), con foso; espacios
bien ordenados y edificios hechos con ricos y duraderos materiales. Todo ello
para crear una ciudad espléndida, y también con un carácter simbólico. Así, las colosales murallas que rodearán la ciudad tendrían un sentido no sólo defensivo, sino que serían también un símbolo del inmenso poder de la ciudad y sus gobernantes. En la ciudad se unían lo divino y lo humano, situándose justo en el corazón de la misma, como elemento central, el zigurat o Etemenanki, muestra de la estrecha relación entre la ciudad y los dioses.
La ciudad estaba fortificada con una muralla doble, y tenía ocho grandes puertas, cada una de las cuales se abría a una vía procesional dedicada a algún dios o diosa protectores. Entre ellas, la más importante era la famosísima Puerta de Ishtar (580 a.C.), que era atravesada por la Vía de las Procesiones de Babilonia, una gigantesca avenida que recorría la ciudad de lado a lado, y que tenía un uso ceremonial, además de un gran simbolismo político y religioso.
Por su pavimento desfilaba anualmente la multitud de personas que formaban parte de la procesión que celebraba el Año Nuevo, en la que se portaban también las esculturas de los dioses, llevadas ex profeso desde otras ciudades mesopotámicas. En esas festividades quedaban anualmente renovados los lazos entre el soberano y el dios Marduk (el más importante del panteón babilonio), y servían por tanto, también, para legitimar el poder de aquél.
La Vía de
las Procesiones estaba decorada a lo largo de unos 200 metros con ladrillos vidriados
de tonos azulados, en los que se representaba a 120 leones, 60 a cada lado, que eran el símbolo
de la diosa.
En cuanto a la propia Puerta de Ishtar, estaba compuesta por una doble estructura, con una primera parte más baja, y una trasera más alta; dos torreones almenados a los lados de cada una de ellas remataban el conjunto, que era simétrico; y la puerta contaba también con una cámara rectangular. La puerta medía unos 25 metros de altura (la reconstrucción parcial del Museo de Pérgamo alcanza sólo 14,30 m). Se
hallaba recubierta por una decoración magnífica muy similar a la de la Vía de
las Procesiones, con ladrillos vidriados y policromados, que representaban
animales en relieve, en concreto uros (especie de toros ya extintos, símbolo del dios Adad) y dragones
híbridos (llamados mušḫuššu, y
símbolo de Marduk) sobre una base azulada.
En la parte central se abría un majestuoso arco de medio punto, que daba paso a la ciudad, y en su parte interior contaba también con una rica decoración, al igual que el resto de la puerta. Una cenefa con líneas de color ocre-amarillo resaltaba algunas partes de la estructura, y en las partes superior e inferior delimitaba una zona decorada con margaritas sobre ladrillos vidriados azules, rematando así la decoración de la puerta.
El carácter de las figuras representadas en la Puerta de Ishtar era pacífico, y rompía con la agresividad y violencia que caracterizaba a muchas de las figuras del arte asirio. Incluso los leones que decoran la Vía de las Procesiones, pese a estar rugiendo para impresionar a quienes entrasen en la ciudad, tienen una actitud postural mucho más relajada que los que aparecían en las cacerías de los relieves asirios.
Además de la puerta de Ishtar, que era la única que contaba con una decoración tan magnífica (por estar situada en la Vía de las Procesiones, y junto a los palacios reales) otras seis puertas de la ciudad estaban dedicadas a dioses del panteón mesopotámicos, o de ciudades cercanas. Así, tenemos las puertas de Marduk (dios principal), Adad (dios de la tormenta), Shamash (dios de la justicia), Enlil (patrón de Nippur), Zababa (patrón de Kish), y Urash (patrón de Dilbat). La octava era la llamada Puerta del Rey.
Arquitectura religiosa
Algunos de los principales edificios religiosos eran el zigurat o Etemenanki, y el Templo de Marduk o Esagila.
El Etemenanki (“Casa que es el Fundamento del Cielo y de la Tierra”), identificado con la famosa Torre de Babel de la que habla la Biblia, y terminado de construir hacia el 590 a.C., era un enorme zigurat hecho de bloques de adobe y revestido con ladrillos, del que hoy apenas queda nada. Pese a que hay cierta discusión en cuanto a cuál sería su altura total, cómo se accedería a él, y cómo sería el templo que se hallaba en lo alto, sí que existen hay algunas evidencias al respecto, como la llamada Estela de Oslo, que lo representa de forma esquemática.
Gracias a ello se cree que tenía 6 pisos, y en lo alto del edificio se hallaba el santuario principal, posiblemente recubierto de ladrillos vidriados de color azul. Pese a que en ocasiones se ha teorizado que mediría unos 90 metros, parece que no habría sido posible construirlo con los materiales de la época, de haber tenido esa altura, puesto que no hubieran resistido el enorme peso. Es más plausible, pues, que partiendo de una base de 90 m de lado, se tratara de un conjunto de unos 60 metros de altura en total, contando ya con unos 12 m del templo situado en la cima.
Por su parte
el Esagila, dedicado a Marduk, reproducía el modelo de templo bajo típico de la
cultura sumerio-acadia, disponiendo de un santuario principal que
estaría profusamente decorado en su interior con materiales preciosos; a su vez
el suelo estaría recubierto de lapislázuli y alabastro. Además de esta cámara
principal, en la que según Heródoto se hallaría una estatua de oro del dios, el
templo disponía de numerosas dependencias dispuestas en torno a dos patios.
El
Etemenanki, el Esagila y un tercer templo, el Bit akiti, estaban comunicados entre sí por la Vía de las Procesiones, que los unía a su vez con los principales palacios y la Puerta de Ishtar. Como ya comentamos, por ella desfilaban las grandes procesiones de los dioses que tenían lugar con motivo de las celebraciones del Año Nuevo, y constituía la arteria más importante de la ciudad.
Grandiosos Palacios
Además del urbanismo de la ciudad con sus murallas y puertas, y de su arquitectura religiosa con múltiples templos, Babilonia también contó con una impresionante arquitectura civil, de la que sus palacios son el mejor exponente. Había al menos tres: el Palacio Meridional o de Nabucodonosor II, muy cerca de la Puerta de Ishtar; el Palacio Central Septentrional, muy cerca del anterior; y el Palacio de Verano, situado éste a 2 Km al Norte, dentro del recinto de la muralla exterior.
Entre ellos
destaca el conocido como Palacio de Nabucodonosor II. Este palacio adoptó algunas variaciones
respecto a los anteriores. Tenía planta en trapecio, y las estancias de
distribuían en torno a cinco patios, separados entre ellos por distintos
pasillos y puertas, dándole el aspecto de varias unidades diferentes, cada una
organizada en torno a su patio. El salón del trono estaba decorado con
ladrillos vidriados, en un diseño de columnas con motivos vegetales, que rompía
totalmente con el belicismo de los antiguos palacios asirios.
¿Y los Jardines?
Pese a que durante mucho tiempo se creyó que en Babilonia se habrían construido los famosos Jardines Colgantes, una de las 7 Maravillas de la Antigüedad, en realidad hoy en día hay muchas dudas de que en la ciudad existiesen tales jardines. De hecho, no son citados por ninguno de los numerosos documentos babilonios de la época, en los que sí aparecen el resto de grandes construcciones, lo cual es extraño, si era un monumento tan importante. De hecho, no aparecen en las fuentes hasta el siglo III a.C. (y sólo son mencionados por autores que nunca visitaron la ciudad).
Aunque las distintas excavaciones arqueológicas han intentado hallarlos, y se han tratado de identificar con ellos distintas estructuras, parece que la búsqueda ha sido infructuosa hasta ahora (hay que reconocer, igualmente, que queda mucha superficie por excavar en la antigua Babilonia). Existe otra hipótesis, formulada por S. Dalley, de que estos jardines habrían sido construidos en Nínive por Senaquerib (en los relieves de los palacios asirios sí aparecen representados jardines), y no en la ciudad de Babilonia. Pero, por el momento, su ubicación, e incluso su existencia real, continúan siendo un misterio.
Bibliografía:
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C., Gómez, C., y Vivas, I. (2012). Arte
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Tobalina, E. [Raíces de Europa] (17-1-2020). Las Puertas de Ishtar de
Babilonia, maravilla del nuevo imperio babilónico [Vídeo]. Youtube.
Vázquez Hoys, A.M. (2007). Historia del Mundo Antiguo (Próximo Oriente y Egipto). Sanz y
Torres.
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Otras referencias:
Algargos, Arte e Historia http://algargosarte.blogspot.com/2014/09/babilonia-la-ciudad-de-nabucodonosor-ii.html
https://www.schoyencollection.com/news-items/tower-babel-stele-oldest-image









