A la hora de abordar este tema es necesario comenzar, una vez más, por el contexto histórico.
El pueblo acadio, semita, era un pueblo nómada que habitaba
la zona de Mesopotamia, y que se va a ir asentando en la zona que ocupaban los
sumerios a lo largo de varios siglos. A partir de esa convivencia se va a
establecer una coexistencia bastante pacífica, influyéndose ambas culturas
mutuamente.
En un momento dado, hacia el 2334 a.C., uno de ellos,
Sargón, va a hacerse con el poder. No se conoce apenas nada de la vida de
Sargón, en cuya figura se entremezclan el mito y los hechos históricos; ni
siquiera sabemos su nombre real (Sargón es un título cuyo significado es “rey
verdadero”). De él se dice que destronó al último rey de Uruk, Lugalzageshi,
hacia el año 2334 a.C. Una vez en el trono, conquistó el resto del territorio
sumerio, y en los años sucesivos sometió numerosas de las regiones limítrofes,
creando un gran Imperio que llegaría a abarcar prácticamente todo el territorio de Mesopotamia.
Este imperio Acadio será bastante efímero, abarcando desde
el 2334 al 2154 a.C., cuando los sumerios logran completar la conquista de
nuevo del territorio, iniciándose el período neosumerio, o del “Renacimiento
sumerio”.
Tras la conquista de Sargón se desplazará el centro
neurálgico de la región hacia el Norte. Este soberano decidió crear una nueva
capital en la región de Kish, a la que llamaría Akkad. Se sabe que esta ciudad
estaba situada en la orilla oeste del Éufrates, en algún lugar entre Kish y
Sippar, pero pese a los esfuerzos por hallar su emplazamiento exacto, la
antigua ciudad no ha podido ser encontrada hasta nuestros días.
Las ciudades acadias fueron muy prósperas. Los reyes serían monarcas absolutos de una organización estatal muy centralizada, con gobernadores en las distintas ciudades. En cuanto a estos reyes, los más importantes que gobernaron el Imperio Acadio fueron Sargón I, Manishtushu y Naram-Sin (padre, hijo y nieto respectivamente). Y las piezas artísticas que se han conservado están en general ligadas a ellos.
Naram-Sin (2254-2218 a.C.), nieto de Sargón, se proclamará “rey de las cuatro esquinas del mundo”, haciendo referencia a su vasto Imperio. Sin embargo, el descontento de los súbditos sumerios ante el poco respeto a sus dioses y tradiciones, con actos como la profanación y el saqueo del templo de Enlil, hizo que el pueblo se fuera rebelando, y al reinado de Naram-Sin siguió una época de anarquía.
Finalmente, el pueblo de los Guti invadió la zona, y los sumerios se sumaron a
la rebelión, volviendo finalmente a tomar el poder. La caída de Akkad se vio
por parte del pueblo como un verdadero castigo de los dioses, como atestiguan
algunas inscripciones de la época.
Los vestigios de arte acadio que han llegado a nuestros
días son en general bastante escasos, probablemente por la corta duración de su
Imperio.
La mayor novedad introducida a nivel cultural será que el
acadio sustituirá al sumerio como lengua oficial de los gobernantes; pero el
pueblo seguirá hablando sumerio, y manteniendo, a grandes rasgos, la cultura ya
existente. Sin ir más lejos, a nivel religioso ambas culturas se fusionaron en
gran medida, hasta tal punto que hoy en día hay elementos que no se ha podido
discernir si pertenecen a una u otra cultura. En la nueva cultura, resultante de
la amalgama de lo sumerio y lo acadio, se van a mantener muchas de las
tradiciones anteriores, pero también se producen algunos cambios e
innovaciones.
En general, la cultura acadia se va a asemejar bastante a la sumeria, puesto que el territorio que ocupa tendrá una base cultural sumeria. La base va a ser, por tanto, sumeria, aunque la cultura semita de los acadios también tendrá una influencia relevante en el arte.
El arte acadio
Por tanto, en lo relativo a la estructura social y en el aspecto cultural va a haber pocos cambios respecto a la cultura sumeria, pero en el arte sí van a producirse algunos cambios interesantes:
- La escultura deja de ser tan hierática, alcanzándose un grado de naturalismo muy notable en algunas piezas.
- Se aprecia un gran avance en el desarrollo en la técnica, que se hará más precisa.
- Se va a producir un uso instrumental del arte, que estará totalmente al servicio del poder del soberano, y en concreto se va a utilizar para loar y exaltar a éste, tanto a nivel político como militar.
El poder político y religioso se separan totalmente en esta época, y se va a presentar ahora al rey de forma divinizada. Los templos van a perder poder e influencia, y esto también se dejará notar claramente en lo que se refiere al arte. Las piezas de tipo meramente religioso dejarán paso a una mayor cantidad de obras relacionadas con el poder civil.
La arquitectura tendrá, también, un carácter instrumental
al servicio del soberano. Como consecuencia de todo ello, la arquitectura de
carácter religioso también va a decaer en esta época. No se han hallado muchos
edificios de este período, de modo que tampoco se conoce en profundidad la
arquitectura civil acadia, y habrá que esperar a que nuevos hallazgos, de
haberlos, arrojen más luz sobre este aspecto.
En cuanto a los palacios, por el momento sólo se han hallado unos pocos, que han permitido saber cómo los construían los acadios: el palacio de Naram-Sin en Nagar (actual Tell Brak, Siria), el Palacio Norte de Eshnunna (actual Tell Asmar, Irak) y el Palacio viejo de Assur (Irak). Estos palacios, con una compleja estructura, se organizaban en torno a patios, a partir de los cuales se iban distribuyendo de manera orgánica los distintos espacios, destinados a diferentes funciones. Su planta era rectangular o casi cuadrada, y estaban rodeados por gruesos muros.
En general el arte acadio destacó tanto en arquitectura
como en escultura y artes decorativas, pero por desgracia no se conservan
muchas piezas de este período. De hecho, la mayor parte de las obras de arte
acadio que conservamos se hallaron en la periferia del territorio de este
imperio, sobre todo en Susa, en el actual Irán, a donde fueron llevadas en el
siglo XII a.C. por un rey elamita que saqueó varias ciudades acadias.
Sin embargo, dado que el emplazamiento de Akkad es aún
desconocido, la situación podría cambiar si en algún momento se encuentran los
restos de la ciudad. Algunas de las demás ciudades acadias tampoco han sido halladas,
y otras no han sido excavadas apenas. Asimismo, hemos de tener en cuenta que
las últimas tres décadas han sido muy difíciles para el trabajo arqueológico en
la región, por lo que si la situación se estabiliza podrían volver a producirse
nuevos hallazgos de gran importancia en el futuro.
La escultura acadia
A continuación, vamos a ver en profundidad cómo fue el
trabajo que realizaron los acadios en cuanto a la escultura. Es en las
esculturas y relieves, precisamente, donde más se notará esa característica de la
instrumentalización del arte al servicio del poder: las figuras y formas van a
estar cuidadosamente pensadas, para lograr transmitir de forma precisa la
gloria política y militar del monarca.
Esto va a quedar patente especialmente en los relieves, que
ofrecen grandes posibilidades narrativas y permitían contar historias y
acontecimientos que sirvieran al fin último de la propaganda del monarca.
Características generales de la escultura acadia:
- Frente al estatismo sumerio, ahora las formas van a ser más dinámicas y realistas. Mayor naturalismo y proporcionalidad de lo representado.
- En algunas estelas se introducen elementos paisajísticos que ayudan a caracterizar el lugar representado.
- Las técnicas alcanzan una mayor precisión.
- Se inventa la técnica de la cera perdida de fundición hueca, para lograr crear estatuas de metal de gran tamaño, huecas por dentro. De este modo, se abarataba el coste invertido en material.
- Al igual que ocurría en el arte acadio en general, la escultura también va a ser un instrumento que servirá para la propaganda imperial y, por tanto, va a estar totalmente al servicio del poder. En muchas ocasiones se van a realizar estatuas del soberano, incluso a tamaño natural, para exaltar su figura. En los relieves el contexto, en general, suele mostrar al rey con su ejército, como guerreros junto a su líder.
- Se van a utilizar materiales no perecederos, como la piedra y el metal.
Pese a que se sabe, por inscripciones, que Sargón ordenó
hacer varias esculturas de bulto redondo representando su propia figura,
ninguna de ellas ha llegado hasta nuestros días.
En ocasiones se podrá observar una clara continuidad cultural
en las representaciones acadias respecto del arte sumerio. Por ejemplo, en las
coincidencias en el peinado de algunos reyes representados en esta época con el
que presenta el casco de Meskalamdug, hallado en las Tumbas Reales de Ur.
Veamos ahora cuáles fueron las creaciones artísticas más
destacadas en el campo de la escultura.
Estelas
En primer lugar, hay que hablar de las estelas, que eran monumentos regios destinados a exaltar el poder del soberano, y se realizaban en materiales duros y no perecederos, como la diorita o la caliza. En ellos se representaban escenas de victorias militares, mostrando a un rey guerrero, a veces divinizado, que debería infundir temor a sus enemigos.
Estela
de la Victoria de Sargón
Fue encontrada en Susa y se halla en el Museo del Louvre. Es
de diorita.
En ella podemos ver escenas militares, en tres franjas
horizontales claramente diferenciadas. En la intermedia se representa a Sargón,
con barba y el mismo peinado regio del casco de Meskalamdug, seguido de un
séquito de dignatarios armados. En la franja superior aparecen prisioneros
desnudos. Algunos de ellos están maniatados, y el resto aparecen como cayendo
al suelo. En la parte inferior, más borrosa, se hallan lo que parecen ser algunos
buitres y perros rodeando los cadáveres de algunos enemigos, probablemente a
modo de advertencia de lo temible del rey, y el peligro que implicaba
enfrentarse a él.
Estela
de la Victoria de Manishtushu
Esta estela de diorita, de la que se conserva tan sólo un
fragmento, recoge de nuevo una escena de victoria. En la parte superior se
distinguen algunas piernas de personas, alguna de ellas caída, en lo que podría
ser una escena posterior a una batalla. A su vez, en la parte mejor conservada
vemos cómo un soldado acadio conduce a unos prisioneros desnudos y maniatados.
Se sabe que representa la victoria de un rey acadio, pero
se desconoce con seguridad a cuál. En ocasiones se ha atribuido a Manishtushu.
Estela
de la Victoria de Naram-Sin
Hacia 2250 a.C. Se halló en Susa, y está en el Louvre. Está
hecha de piedra caliza.
Es una gran estela, de 210 cm, en la que se representa la
victoria del rey en la batalla que tuvo lugar en los Zagros contra los Lullubi. La escena tiene un carácter narrativo evidente, y presenta un mayor dinamismo que las anteriores. El soberano aparece adornado con un casco con cuernos, símbolo de divinización (novedad importante, pues aparece al mismo tiempo como hombre mortal y como dios) y está de pie ante sus enemigos: uno le pide misericordia, y otros son
asesinados, con lanzas o clavados en una estaca; o caen montaña abajo. Aparecen algunos elementos del
paisaje montañoso de la zona, como la propia montaña o la vegetación.
Estatuas de retrato
Además de las estelas hay que citar otras estatuas de retrato, que en esta época alcanzan una gran maestría.
Las características específicas de este tipo de obras serán las siguientes:
- Se representa el ideal físico de masculinidad de la realeza.
- Los rasgos son muy proporcionados, con acabados muy precisos.
- Gran naturalismo y realismo en las representaciones.
- A la hora de tallar el cabello, se intenta dar volumen, representando los rizos y la barba de forma muy fina.
- Se utilizan materiales de colores, incrustándolos en los ojos, para conferir expresividad a las estatuas.
- Uso de la técnica de la cera perdida de fundición hueca.
Estatua
de Manishtushu (h. 2269 a.C.)
Esta estatua de diorita, de la que se ha perdido la parte
superior, refleja un gran progreso en las técnicas escultóricas de la época
respecto de las de los sumerios. El rey aparece en actitud orante, como se ve
por la posición de las manos, y por tanto en esta obra se rompe con la tendencia
del arte acadio de representar a los reyes como poderosas figuras militares.
Lo más importante de esta estatua es que introduce una
innovación en cuanto al trabajo del volumen en la escultura: los pliegues ondulados
de la ropa se representan aquí con un gran realismo, mostrando un tipo de paño
suave metido bajo la cintura. Esto también da una idea de la gran habilidad del
escultor, pues la diorita es un material duro y difícil de trabajar con esta
precisión. Presenta una inscripción elamita del siglo XII a.C. que revela que
se obtuvo en Akkad.
Estatua
de Bassetki (2254-2218 a.C.)
Está hecha en cobre. Sólo se conserva la parte inferior de
la estatua, desde la cintura hacia abajo, y representa a un hombre sentado en
el suelo, sobre una base de metal de 67 cm. El grado de naturalismo de esta pieza
es magnífico, y muestra la maestría a la que habían llegado los escultores
acadios. Se realizó con la técnica de la cera perdida.
En la base tiene una inscripción que la sitúa en la entrada
de uno de los palacios de Naram-Sin.
Cabeza
de gobernante acadio (hacia 2250 a.C.)
Hacia 2250 a.C. Realizada en bronce o aleación de cobre,
con la técnica de la cera perdida de fundición hueca. Se halló en Nínive y se
conserva en el Museo de Bagdad.
En ocasiones se ha atribuido a Sargón, pero las
características estilísticas hacen que sea más probable que represente a su
nieto Naram-Sin. El trabajo de representación del cabello y la barba es
exquisito, muy preciso y extraordinariamente detallado. El artista intenta
representar con gran maestría los volúmenes de la barba y los rizos,
reproduciendo incluso cada uno de los cabellos. El peinado completo y los
rasgos aparecen ya de una forma mucho más natural y proporcionada que en
estatuas de épocas anteriores. Tenía incrustaciones de otros materiales de
colores en los ojos (probablemente nácar o marfil, con lapislázuli) para
otorgarle expresividad y realismo, pero no se han conservado.
Presenta el mismo peinado que el del casco de Meskalamdug y
el que tiene Sargón en su Estela de la Victoria.
Cabeza gobernante acadio. Fuente:
History Arch
Bibliografía:
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[Vídeo]. Canal UNED.
Lara Peinado, F. (1989). El arte de Mesopotamia. Colección
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Martínez, C., Gómez, C., y Vivas, I. (2012). Arte de las grandes civilizaciones antiguas:
Egipto y Próximo Oriente. Editorial Universitaria Ramón Areces, UNED.
Matesanz, J. (2022) Apuntes de la asignatura Historia del Arte Antiguo. Universidad de Burgos.
Milicua, J. (1987). Historia Universal del Arte
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Ramírez, J.A. (1996). Historia del Arte: Vol. 1.
El Mundo Antiguo. Alianza Editorial.
Vázquez Hoys, A.M. (2007). Historia del Mundo Antiguo (Próximo Oriente
y Egipto). Sanz y Torres.
Otras referencias:
Buscador de obras del Louvre: https://collections.louvre.fr/
Mapa: http://pedro-mundodebabel.blogspot.com/2013/10/pasajes-de-la-historia-xxiv-el-imperio.html




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